sábado, 5 de enero de 2013

LA PRIMOGENITURA.


El derecho del primogénito es un derecho originario, que en muchos aspectos ha hecho historia y que también ha influido en las ideas religiosas. Eso en todos los pueblos, incluidos los orientales y especialmente los semitas, y por tanto también en Israel.

El primer nacido tiene el derecho de primogenitura. Este principio jurídico u otro similar, que derivaba del gobierno de los ancianos, es sin duda el punto de partida de todo el derecho de primogenitura. Por “primer nacido” se entiende aquí el primogénito del padre de familia. Si en tiempos más antiguos detrás de esa formulación subyacía en la práctica algo así como el derecho del más fuerte, es un aspecto que en el contexto bíblico no se contempla. El derecho oriental, y especialmente el semita, coloca simplemente al primogénito (del padre de familia) al frente de la familia, el clan o la tribu, cuando la familia, el clan o la tribu, tras la muerte del más anciano de la generación anterior, tiene que encontrar un nuevo “anciano.”

Como el dominio y soberanía siempre se consideró un don de la divinidad, también el status de primogénito aparecía como un don especial de la misma divinidad. El derecho de primogenitura aseguraba al primer nacido del padre de familia una doble parte en la herencia; así pues, el primogénito figuraba en el reparto de la herencia computado como dos hijos, y ello para que el anciano y señor de la familia, del clan o de la tribu, fuera también el que gracias a las posesiones disfrutaba de mayor prestigio y poder. En Israel esto lo regulaba, por ejemplo, Dt 21:17.

Sobre su primogénito pronunciaba el patriarca una bendición especial antes de morir, que no sólo se refería al éxito del trabajo y la multiplicación de las posesiones, sino que sobre todo sancionaba el status dominante del primogénito constituyéndolo señor de sus hermanos y bendiciendo su dominio; se le deseaba la protección de la divinidad y la bendición divina para su fuerte brazo, con el fin de que mantuviera la paz.

Una documentación muy clara sobre este derecho de primogenitura — en gran parte común a todos los semitas e incluso a todo el ámbito del Próximo Oriente — nos la proporcionan las historias bíblicas de Jacob y Esaú. Prescindiendo de su sentido nacionalista — pues no hay duda de que pretenden fundamentar la preeminencia de Israel (Jacob) sobre Edom (Esaú) —, esas historias nos permiten conocer el posible desplazamiento de ese derecho de primogenitura, ya que no sólo el patriarca podía retirárselo al primer nacido (Gen 49:34), sino que el propio primogénito, como lo era Esaú, vende su derecho a Jacob “por un plato de lentejas” (Gen 25:3134). Es decir, que el propio primogénito podía renunciar a su derecho, sin que para ello necesitase del consentimiento del patriarca todavía vivo, como refleja la misma historia. Por otra parte, el renunciante no renunciaba por ello a la gran bendición del patriarca moribundo sobre el primogénito; bendición a la que Esaú tampoco renunció al vender su derecho de primogenitura.

De esa posible discrepancia (un segundogénito obtiene el derecho de primogenitura, mientras que el primogénito conserva la bendición que como a tal le corresponde) podían surgir, según las circunstancias, graves tensiones dentro de la comunidad; hasta el punto de que cabría pensar si el narrador bíblico no tenía necesariamente que presentar a Jacob arrebatando por sorpresa la bendición del primogénito después de que Esaú le hubiera vendido tan a la ligera el derecho de primogenitura. Bien entendido que esto poco tiene que ver con el sentido de los relatos bíblicos sobre

Jacob y Esaú; pero posiblemente es un rasgo jurídico y religioso importante el que subyace en tales narraciones.

El primogénito pertenecía a Dios. Esta convicción sólo pudo imponerse por la alta estima de que gozaba el primogénito. Pero, por lo mismo, tampoco podemos concluir que en determinado momento fuese una costumbre universal el hecho de ofrecer el primogénito humano a la divinidad como sacrificio de mactación o de cremación, porque de ser así, nunca el tan estimado primogénito habría alcanzado el poder y dominio. De ahí que la sustitución del hijo primogénito, destinado al sacrificio, por un animal sea con toda seguridad un uso antiquísimo.

Por lo demás, no todas las primogenituras eran iguales. El derecho de primogenitura era asunto de las “primicias de la virilidad,” mientras que el primogénito perteneciente a Dios era todo primogénito varón “que abría el seno materno.” En el ordenamiento social de tipo poligámico esta distinción era muy importante. Así, es perfectamente posible que entre los cananeos se ofreciese el aludido rescate por el “primogénito de la virilidad,” mientras que todo primogénito “que abría el seno materno” fuera ofrecido en sacrificio. Que ese sacrificio de primicias fuera siempre el sacrificio de un niño, hay que ponerlo en duda. El deseo de Abraham de sacrificar a su hijo Isaac ya adolescente podría indicar de todos modos que ese sacrificio del primogénito humano pudo realizarse más tarde, llegado el caso.

Como quiera que fuese, en Israel se practicaba el rescate del primogénito. En las historias abrahámicas se narra de forma muy dramática tanto el principio básico de que “el primogénito pertenece a Dios” como su rescate mediante el sacrificio de un animal (cf. Gen 22:1013)30. Pero, a través de la teología de la historia que hacen los primeros profetas anónimos y a través de la teología de la historia del Escrito sacerdotal, apareció un nuevo rasgo en esos aspectos del derecho de primogenitura.

El propio Israel es el primogénito. El derecho de primogenitura de Israel tiene un papel importante en muchos relatos bíblicos, y hace típicamente israelíticos los aspectos generales que se daban en otros pueblos en relación con la primogenitura. Ya en el Yahvista — que es como decir en el estrato tradicional más antiguo del Pentateuco — se encuentra la frase “Israel es mi hijo primogénito” (Ex 4:22). El narrador pone en boca de Dios ese dicho que le comunica a Moisés, y que éste deberá repetir ante el faraón. Yahveh ama a ese su hijo Israel como un padre ama a su primogénito. Por ello el faraón no debe oprimirlo, sino dejarlo libre.

Ahora bien, esa palabra sólo puede entenderse adecuadamente, si se piensa en Israel como el primer adorador del Dios Yahveh, que ya ha sido anunciado en los capítulos precedentes. Así pues, el dicho en cuestión se encuentra todavía en el marco general de un mundo de concepciones politeístas. Con ello resuena ya aquí el tema que domina la teología israelita de la historia, sobre todo cuando más tarde los profetas proclamen a Yahveh como el Dios único. Más aún, el derecho de primogenitura de Israel en general se anunciará con tanta mayor nitidez cuanto más claramente se adore a Yahveh como único Dios, pues “Israel” era el “primogénito” de Yahveh, cuando éste sólo era el dios tribal de las tribus hebreas de Egipto.

Pero el faraón no deja salir al primogénito de Yahveh. Y por ello Yahveh golpea — según el derecho de la venganza de sangre — sobre los primogénitos varones de Egipto, porque el faraón había golpeado al primogénito de Yahveh.

Tras la liberación de Egipto — así se prolonga más tarde jurídicamente esta línea de teología de la historia — serán consagrados al Señor todos los varones de la tribu de Leví como sacerdotes y levitas. Y todo primogénito macho pertenecerá al Señor: los de los animales como sacrificio, pero los primogénitos humanos serán rescatados. “Cuando tu hijo te pregunte mañana diciendo: ¿Qué significa esto?, le dirás: Con mano fuerte nos sacó Yahveh de Egipto, de la casa de esclavitud. Como se obstinase el faraón en no dejarnos ir, mató Yahveh a todo primogénito en tierra de Egipto... Por ello sacrifico yo a Yahveh todo macho que abre el seno materno, y rescato a todo primogénito de mis hijos” (Ex 13:14 -15).

Pero Israel no debía considerar el derecho de primogenitura como un verdadero derecho jurídico, sino como un derecho que le había sido concedido por gracia, pero que no le correspondía si todo hubiese discurrido según derecho. Ése es el sentido que pueden tener los relatos de Jacob y Esaú. Son, por así decirlo, capítulos que invitan a la humildad, que pretenden enseñar cómo Israel en nada ha podido merecer tal derecho de primogenitura, y que en cierto modo se convirtió en primogénito porque Yahveh hizo la vista gorda. Se podría decir que las historias de Jacob y Esaú contradicen a los capítulos de Egipto; pero no hay duda de que originariamente todas esas historias no se contaban con la idea de insertarlas o leerlas en un gran contexto, sino simplemente para presentar ciertas verdades y enseñanzas.
En el NT el título de primogénito se le aplica una y otra vez en forma consecuente al Mesías Jesús, y una y otra vez se demuestra que él era un primogénito. Y como tal es el sacerdote. Él es el nuevo Israel, como lo es así mismo su comunidad; para sus discípulos es el primer ofrendado, el primero de los muertos, el primero de los resucitados, incluyendo a todos los de su especie (cf. Rom 8:23.29; 1Cor 15:20; Col 1:15.18; Heb 1:6; 12:23; Sant 1:18; Ap 14:4).

Fuente:  http://www.caminando-con-jesus.org/HISTORIA%20CULTURA/HISTORIA%20DE%20LA%20CULTURA%20DE%20LA%20BIBLIA.htm#ELDIVORCIO

1 comentario:

  1. Saludos. Viendo de este sitio y el estudio. Con el debido respeto, deseamos compartir con ud. tal como dice la palabra de Dios en
    1 de Pedro 4:10: Cada uno según el don que ha recibido, adminístrelo á los otros, como buenos dispensadores de las diferentes gracias de Dios. Esto es pasándolo a los demás. Los entendidos entenderán. Dn.12:10. Y es lo siguiente:
    ¿Cuál es el nombre?
    Ni cuatro letras ni yahweh, ni Yahveh y ni jehová. Es mejor que se diga: Dios, Altísimo, y YO SOY EL QUE SOY Ex.3:14 nombre como son nombres apelativos. ¿Cuál es la causa que Dios no dio su nombre y dijo: YO SOY EL QUE SOY? ¿Cuál es la causa cuando habló con Abraham y dijo: el Dios Todopoderoso? ¿por qué? ¿Cuál es el motivo? Y, ¿se ponen a inventar nombres a Dios?

    El Señor no dio su nombre, sabiendo que el corazón del hombre es engañoso, antes del diluvio Gn.6:5 y después Jr.17:9. Esto es por la dureza del corazón. Mr.10.2-6, cuando el Señor haMashiaj dijo a los fariseos, que por la dureza del corazón, Moisés permitió este mandamiento de dar carta de divorcio. Por la dureza de vuestro corazón es que Pablo escribió este mandamiento: el que es incircunciso que se quede incircunciso1 Co.7:18. Porque sabiendo que si él dijo que la circuncisión es buena Ro.2:25, no debemos desecharla en ninguna manera. Y como se sabe que el corazón es duro desde antes del diluvio, y también después del diluvio, por eso es que Dios los entrega a operación de error 2 Ts.2:11,12, para que crean a la mentira. Porque ellos iban a estar en las mismas condiciones que de los de antes del diluvio. Por lo cual ésta generación está reservada para un fatal acontecimiento, porque tampoco han creído en su palabra. Porque es verdad que se predica, pero cada cual lo hace a su manera, apartado por su camino Is.53:6. Porque haMashiaj dijo: Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti… S.Jn.17:21. Y si unos son adventistas y otros pentecostales, presbiterianos, bautistas etc. así, no están en la unidad que proclamó haMashiaj. Dicha operación de error está en las manos de satanás. Porque como Dios entregó a Job a satanás para que lo zarandera, por eso es que son entregados a espíritu de error, cuyo espíritu de error es satanás, el cual los zarandea y los tiene divididos. Porque el corazón del hombre es duro, es por eso que Dios se aprestó a no dar su nombre. Y sabemos que el único justo que sabía su nombre fue el que descendió del cielo: haMashiaj S.Mt.11:27.Y que él tampoco, le dio su nombre a nadie. Y sabemos que él nos lo va a revelar después que la humanidad sea purificada según Ap.3:12.

    Todos esperan al Mashiaj para paz, porque cuando él venga los animales carnívoros comerán hierbas como los no carnívoros; el buey etc. Is.11:6; Is.65:25.
    A la gente le gusta le encanta lo bueno, pero no saben el trago amargo que les espera por no haber predicado su voluntad, su justicia, su verdad. Pero que antes de esa paz, vendrá la paz del hombre, y después la guerra. Y por último, por no haber atendido a la voluntad de Dios, el Señor los apartará S.Mt.7:21-23. Y el resumen de esa separación está en S.Jn.5:28,29. La transgresión 

    Señor te rogamos que puedan entender este mensaje que con mucho amor se lo impartimos a los demás, para que puedan comprender tu santa palabra, y puedan dejar la doctrina contaminada que han aprendido.

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